Escribe, Nestor Díaz.
Con la resaca del Mundial 2026 y cuando uno analiza a las figuras de la cita, el nombre de Vozinha es digno de una copa, un podio aparte, para premiarlo por su perseverancia, por un combate que lo ganó bajo los tres palos. Un futbolista de 40 años que nadaba en el anonimato hasta que le tocó enfrentar a la merecida campeona España, donde realizó siete heroicas atajadas para dejar el marcador en blanco y ser considerado el mejor del match. Una épica hazaña que cruza la línea entre un atleta común y una estrella; por la memorable actuación, las redes explotan en un éxtasis y el destino le otorga, muy aparte de la fama, ser ejemplo de vida, de saber que los sueños se cumplen sin importar edad, con humildad y coraje.
Logra empatar sus dos siguientes partidos contra Uruguay y Arabia Saudita, en un grupo nada fácil; con lo cual Cabo Verde clasifica a dieciseisavos de final, una instancia jamás vista por el país africano. Frente a Argentina, en dicha fase atrapa ocho tiros que iban directo al gol, lo cual alarga el combate hasta el tiempo extra. Es un portero que sale jugando bien con los pies; incluso puede amagar a un delantero y salir airoso, tratando de rearmarle la dinámica a su equipo. Posterior al encuentro con la albiceleste, Vozinha es proclamado héroe caboverdiano, aplaudido, enlazado en abrazos por sus compañeros y principalmente por su madre, que llegó para ver a su hijo cumplir su anhelo. Un sueño que germinó en unas calles polvorientas y se cumplió en el Hard Rock Stadium de Miami.
Josimar José Évora Dias nació un 3 de junio de 1986 en Mindelo, Cabo Verde, justo cuando se desarrollaba la Copa del Mundo de ese año. Por ese motivo, su padre, un amante del fútbol, le colocó el nombre del crack brasileño. En primera instancia quiso registrarlo como Jorge Valdano, en honor al ídolo argentino y madridista, pero las autoridades de su país no lo permitieron. Una anécdota más del balompié. Josimar jugaba en las calles contra vecinos robustos e incluso mayores que él. Es donde nace su apodo de «Vozinha», ya que iba a ser consolado por su abuelita tras los golpes que recibía en las jornadas de pichangas, en las cuales disputaba con los grandes de igual a igual. «Me pegaban mucho y cuando no podía devolver los golpes, volvía a casa enfadado, con mala cara», confesó en una entrevista a la FIFA en 2024. Aquel apodo de burla se convirtió en su marca personal invaluable; las empresas multinacionales lo buscan para estampar su firma en millonarios contratos.
La ahora estrella que ilumina a “los tiburones azules” se encuentra libre, luego de una “discreta” carrera de largos años por Angola, Cabo Verde, Moldavia, Portugal, Chipre y Eslovaquia. En el Gil Vicente (Portugal), atajó ocho penales en una sola temporada. “Nos vamos orgullosos de lo logrado y de haber demostrado a todo el mundo que sabemos jugar al fútbol”, manifestó Vocinha al estampar sus guantes en un mundial que lo bañó en la eternidad. En su país es catalogado héroe nacional, por lo cual en su honor se pintó un mural gigante con su imagen, para convertirse el lugar en un punto de encuentro de niños y grandes que cuentan con un factible proyecto. Los sueños son realizables. Centro al área, ¿y tú tienes un sueño?
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By Nestor Díaz.
Vozinha, the hero.
In the aftermath of the 2026 World Cup, as we analyze the tournament’s standout players, Vozinha’s name deserves a trophy—a podium of his own—to reward him for his perseverance and for the battle he won between the posts. A 40-year-old soccer player who had been largely unknown until he faced the deserving champion, Spain, where he made seven heroic saves to keep the score at zero and was named the best player of the match. An epic feat that blurs the line between an ordinary athlete and a star; thanks to his memorable performance, social media exploded with excitement, and fate granted him—beyond mere fame—the role of a role model, proving that dreams can come true regardless of age, with humility and courage.
They managed to draw their next two matches against Uruguay and Saudi Arabia in a very challenging group; as a result, Cape Verde advanced to the Round of 32—a stage the African nation had never reached before. Against Argentina in that round, he made eight saves on shots that were headed straight for the goal, forcing the match into extra time. He is a goalkeeper who plays the ball well with his feet; he can even feint past a forward and come out on top, trying to reignite his team’s momentum. After the match against Argentina, Vozinha was hailed as a Cape Verdean hero, applauded and embraced by his teammates—and especially by his mother, who had traveled to see her son fulfill his dream. A dream that took root on dusty streets and came true at Hard Rock Stadium in Miami.
Josimar José Évora Dias was born on June 3, 1986, in Mindelo, Cape Verde, right in the middle of that year’s World Cup. For that reason, his father, a soccer fan, named him after the Brazilian star. At first, he wanted to register him as Jorge Valdano, in honor of the Argentine idol and Real Madrid player, but the authorities in his country wouldn’t allow it. Just another soccer anecdote. Josimar used to play in the streets against neighbors who were much bigger and even older than him. That’s where his nickname “Vozinha” came from, since his grandmother would comfort him after the beatings he took during those pickup games, in which he competed against the older kids as an equal. “They used to hit me a lot, and when I couldn’t hit back, I’d come home angry, with a scowl on my face,” he confessed in a 2024 interview with FIFA. That mocking nickname became his invaluable personal trademark; multinational companies seek him out to sign million-dollar contracts.
The star who now shines for “the Blue Sharks” is a free agent, following a “low-key” career spanning many years in Angola, Cape Verde, Moldova, Portugal, Cyprus, and Slovakia. At Gil Vicente (Portugal), he saved eight penalty kicks in a single season. “We’re leaving proud of what we’ve achieved and of having shown the whole world that we know how to play soccer,” said Vocinha as he left his mark on a World Cup that immortalized him. In his home country, he is considered a national hero, which is why a giant mural bearing his image was painted in his honor, turning the spot into a gathering place for children and adults alike who share a realistic dream. Dreams are achievable. Center to area—do you have a dream?




