ADIÓS AL LOCO VILARETE, EL REY DEL CABEZAZO QUE HIZO VIBRAR AL BUCARAMANGA

Por AIPS América

9 de octubre de 2026

FOTO FCF

Por Carlos Julio Castellanos Rincón

Presidente AIPS AMÉRICA

Hay jugadores que pasan por el fútbol y otros que se quedan para siempre en la memoria de una afición. Eduardo Emilio Vilarete Fernández, el samario al que cariñosamente llamábamos el Loco Vilarete, pertenece a esa segunda categoría. Su muerte, ocurrida este viernes en Bogotá, enluta al fútbol colombiano y, de manera especial, a la hinchada del Atlético Bucaramanga, que disfrutó de sus goles y de sus inolvidables tardes de gloria.

Vilarete comenzó su formación futbolística en las divisiones inferiores de Millonarios, pero fue con el Atlético Bucaramanga donde hizo su estreno profesional en 1974. Apenas un año después, en 1975, se convirtió en el máximo goleador colombiano del campeonato, con 18 anotaciones, y fue protagonista de una extraordinaria campaña del conjunto leopardo, dirigido por el técnico uruguayo Víctor Pignanelli.

Por aquellos días, cuando apenas comenzaba mi carrera como periodista, tuve la oportunidad de verlo jugar en numerosas ocasiones en el viejo estadio Alfonso López. Y si algo distinguía a Vilarete era su extraordinaria capacidad para cabecear. Se elevaba con una facilidad impresionante, parecía quedarse suspendido en el aire y, cuando conectaba el balón, casi siempre terminaba celebrando la tribuna. Era un delantero que convertía el juego aéreo en un auténtico espectáculo.

Pero el Loco no solo dejó recuerdos por sus goles. También protagonizó numerosas anécdotas que todavía se cuentan entre los aficionados de aquella época. Se hablaba de sus noches de fiesta, de sus amaneceres de parranda en Girón y de aquella capacidad casi inexplicable para presentarse a jugar y sorprender a sus rivales con dos o tres goles.

El profesor Pignanelli, conocedor de su temperamento, parecía entender que detrás de aquel personaje bohemio había un goleador extraordinario. En las conversaciones de la época se recordaba con humor que al delantero le gustaba la música, el baile y el canto, pero que, cuando llegaba la hora del partido, podía cambiar la rumba por los goles y hacer estallar de alegría a la afición.

También quedó grabado en la memoria de muchos el episodio ocurrido en el estadio Maracaná, cuando Vilarete se sentó sobre el balón en plena cancha después de una anotación en contra. Una escena que, en medio de aquella goleada sufrida por el fútbol colombiano, se convirtió en una imagen polémica y en motivo de comentarios durante mucho tiempo.

Su carrera no se limitó a Atlético Bucaramanga. Defendió los colores del Unión Magdalena, el equipo de su tierra natal; Atlético Nacional, con el que conquistó títulos del fútbol colombiano; Deportivo Pereira y Deportes Tolima. También llevó sus goles a Ecuador, con Deportivo Quito y Liga de Quito, y al fútbol peruano, con Deportivo Pacífico.

Con Atlético Nacional vivió otra de sus grandes temporadas. En 1980 marcó 24 goles, el registro más alto de su carrera en un solo campeonato, y consolidó su reputación como uno de los delanteros más efectivos de su generación. Además, integró la Selección Colombia entre 1976 y 1985 y formó parte del plantel convocado para la Copa América de 1979.

Hoy, cuando repasamos su trayectoria, no solo aparecen las estadísticas, los títulos y las camisetas que vistió. Vuelve a nuestra memoria aquel atacante de sonrisa fácil, personalidad singular y extraordinaria capacidad para ganar por arriba, que convirtió tantos domingos de fútbol en una fiesta para los seguidores del Atlético Bucaramanga.

La vida también le puso duras pruebas en sus últimos meses. Una grave enfermedad obligó a los médicos a amputarle la pierna izquierda, en una intervención realizada en Bogotá. Su familia, sus amigos y el mundo del fútbol estuvieron pendientes de su evolución, aferrados a la esperanza de verlo superar aquel difícil momento. Hoy recibimos la noticia de su partida con tristeza.

Adiós, Eduardo Emilio. Adiós, Loco Vilarete. Gracias por tantos goles, por aquellas tardes inolvidables en el Alfonso López y por haber hecho vibrar a una afición que nunca olvidará tu paso por el equipo de sus amores.

Hoy emprendes el viaje a la eternidad, donde seguramente volverás a encontrarte con otros grandes del fútbol que se adelantaron en el camino. Y quién sabe: tal vez allá, en una cancha sin tiempo, vuelvas a elevarte por encima de todos para conectar uno de esos cabezazos que fueron tu sello y tu gloria.

Descansa en paz, Loco. El fútbol santandereano y la hinchada del Atlético Bucaramanga no te olvidarán.

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