Gotas de saber: Honrado Bolívar en Caracas ’83, pese a discrepancias y dopaje

Por AIPS América

9 de enero de 2011

Las increíbles discrepancias hasta el último momento entre las autoridades gubernamentales y olímpicas de Venezuela situaron en peligro como nunca antes la celebración de los Juegos Panamericanos.

Por Enrique Montesinos (*)enriquemontesinos@hotmail.com

Un relevo de leyenda formado por Carey, Lundquist, Gribble y Gaines pulverizó el tope planetario del relevo combinado, luego que los dos primeros habían borrado los individuales absolutos en 100 de espalda y 100 de pecho, respectivamente.

Resultaría estéril detenerse en los detalles de una pugna tan extensa y sin precedente, pues al fin y al cabo, contra viento y marea, la IXcita pudo celebrarse y la juventud deportiva de América rindió merecido tributo al libertador Simón Bolívar en el bicentenario de su nacimiento.

Caracas obtuvo la sede al esgrimir una argumentación de semejante solidez ante los delegados de todo el continente. Y en definitiva el prócer de América fue homenajeado inclusive desde antes del comienzo de la cita hemisférica, cuando el fuego panamericano originado en el ya tradicional Cerro de las Estrellas mexicano se trasladó vía aérea hasta la colombiana Barranquilla y de ahí a la cercana Santa Marta, colocándose en la quinta de San Pedro Alejandrino, histórica casona en la que había fallecido Bolívar a los 47 años de edad, el 7 de diciembre de 1830.

Antigua, El Salvador y Barbados, que no estuvieron representados en el acto inaugural del domingo 14 de agosto de 1983, enviaron en el transcurso de los Juegos aunque fuese un solitario atleta, quedándose sin asistir solamente Bolivia, paradójicamente una nación estrechamente vinculada con la gesta del Gran Libertador, su primer presidente al convertirse en República en 1825.

Las especialidades competitivas se mantuvieron en 25, sustituyéndose el patinaje sobre ruedas por el debutante tenis de mesa, pero la cantidad de pruebas no paró de aumentar y se repartió casi medio centenar de juegos de medallas más que en 1979, al incrementarse notablemente la participación de la mujer en justas de tiro, judo, remo y lucha sambo (que hubo también para varones, en ambos casos solo en dichos Juegos), además de premiarse por separado las distancias del tiro con arco.

La inversión realizada por Venezuela en la contratación de un laboratorio antidopaje con servicios eficientes no tuvo mayor repercusión hasta que la desagradable noticia de haber encontrado pruebas irrebatibles del uso de sustancias prohibidas estremeció el ámbito del certamen. Casi una veintena de atletas de nueve países quedaron finalmente inscritos en la nefasta lista, sin otra alternativa que retirarles las medallas e informar a las federaciones internacionales respectivas para la imposición de las sanciones reglamentarias. El escándalo fue tanto que hubo hasta quienes optaron por marcharse de los Juegos sin competir, aludiendo diversas causas, como ocurrió con deportistas de Estados Unidos.

Entre los de la estampida norteña hubo figuras del atletismo, por lo que descendió el nivel cualitativo de ese deporte y Cuba, por primera vez, pudo colocarse al frente de las medallas del sector masculino, aunque la superioridad de las muchachas estadounidenses inclinó la balanza general hacia ese país.

Una gran controversia matizó el certamen en el óvalo atlético, al producirse en la final de 800 metros, ganada por el brasileño Agberto Guimaraes, un roce que envió al suelo e hizo perder toda opción al venezolano William Wuyke, la gran esperanza local. El jurado de apelaciones declaró ilegal al vencedor, descalificándolo, y ordenó repetir la carrera, pero la contra protesta auriverde obligó a crear otro jurado de mayor rango, el cual estimó casual el incidente y restauró la victoria original.

Si en México’75 los siete títulos conquistados por el boxeo cubano parecieron un monto inalcanzable, en Caracas los artífices antillanos de la esquiva y el golpeo, recuperados del revés por puntos en el cuadrilátero borinqueño, elevaron esa cifra hasta ocho en 12 categorías, pues se agregó la de más de91 kg.

Singular derrota le recetaron al dominicano Pedro Nolasco, no obstante mayorear sobre el cuadrilátero frente a la figura local Manuel Vilches, a quien no solo le concedieron la victoria sino también la nominación del Más Destacado, la cual debió corresponder al estilista cubano Adolfo Horta, señor de las cuatro cuerdas también en San Juan’79 y en los Olímpicos de Moscú’80.

Casimiro Suárez continuó la siega de lauros para Cuba en la gimnasia (seis), en tanto sus compatriotas dominaban en reiteración la esgrima, con Margarita Rodríguez en su tercer cetro de florete, y el judo llegaba a lo más alto por primera vez.

En la piscina la pulverización de tres récords mundiales acaparó la atención en medio de otra espléndida demostración de Estados Unidos, la misma que en clavados —de nuevo con la plasticidad y virtuosismo de Greg Louganis—, y en la natación sincronizada.

He aquí los firmantes de los récords: Steve Lundquist, 1:02.28 en 100 mestilo pecho, rebajándose a sí mismo en 6 centésimas; Rick Carey, 55.19 en 100 de espalda para borrar el 55.49 de John Naber; y el relevo combinado, 3:40,42, integrado por el mencionado dueto de portentos, el mariposista Matt Gribble y el librista Ambrose Rodwy Gaines, el más laureado en dicho deporte por su oro en 100 y bronce en 200 de libre, además de coronarse como integrante en los tres relevos.

El sensacional brasileño Ricardo Prado fue el único capaz de horadar el dominio norteño en 15 pruebas, negándoles los cetros en 200 y400 metroscombinados. De las 14 femeninas solo se les escaparon las de 100 y 200 pecho alcanzadas con primacías continentales por las canadienses Anne Ottenbrite (1:10.63) y Kathy Bald (2:35.53).

No obstante la descalificación de dos de sus principales halterofilistas, Cuba volvió a dominar en la plataforma de levantamiento de pesas, con 19 doradas de 30, así como en el atípico certamen de lucha, aun sin presentarse en el femenino, el cual repartió nada menos que 40 premios, la mitad de ellos en sambo. En el colchón de la modalidad libre venció con cinco de 10 coronas; otras ocho marcaron el monopolio en la greco y tres más llegaron en el sambo varonil, para el total de 16 oros, con doblón incluido en libre y greco al pecho del superpesado Cándido Mesa. Estados Unidos no pasó de 13.

Los deportes colectivos tuvieron esta vez a Estados Unidos y Canadá como principales protagonistas. El primero ganó las dos justas de baloncesto, así como la de polo acuático, mientras el segundo se coronó en las de softbol y en el hockey, donde por primera vez Argentina cedió terreno. Para Uruguay transportaron el cetro de fútbol, en tanto Brasil sorprendía la trayectoria cubana en voleibol (m), pero no la del femenino, que obtuvo la cuarta victoria consecutiva para la Isla, similar hazaña protagonizada por el béisbol.

En correspondencia con el aumento de premiaciones, creció la cosecha de Estados Unidos a 148 de oro (101-53=302), sin menoscabo del nuevo aumento de Cuba hasta 80 (49-45=174), para ratificarse en el segundo lugar con mayor total que otros 33 contendientes juntos, entre ellos Canadá (22), Venezuela y Brasil (14), y México (7).

*MÁS GOTAS DE SABER

—De 35 países asistentes, 21 lograron tener atletas en el podio y otros 14 se marcharon sin medallas: Antigua, Antillas Holandesas, Barbados, Bermudas, Costa Rica, Guyana, Haití, Honduras, Islas Caimán, Islas Vírgenes Británicas, Islas Vírgenes USA, El Salvador, Paraguay y Surinam.

—Previo a los Juegos se desarrolló un certamen de boliche con carácter de exhibición. No era para menos, pues el Comité Organizador de los Juegos lo dirigía un ferviente devoto de dicha disciplina: Carlos Lovera.

—Las inéditas cuarenta medallas concedidas en lucha empataron numéricamente en el primer lugar con las del atletismo. El tiro creció hasta 36, seguido por las pesas con 30 y la natación desplazada a un quinto escaño, con 29.

—Al sambo femenino, prácticamente  un tope bilateral Venezuela-Estados Unidos con algunas argentinas presentes, se le concedió rango oficial no obstante la orfandad competitiva de quedar vacantes seis bronces en 10 categorías.

—En estos Juegos comenzaron a entregarse dos medallas de bronce en cada una de las divisiones del boxeo y del judo, método característico en el debutante tenis de mesa.

—El talentoso Michael Jordan, con solo 19 años y desempeñándose en la posición de delantero, resultó la bujía ofensiva del equipo titular en baloncesto, con 138 puntos, aunque listado sexto entre los anotadores encabezados por el puertorriqueño Mario Quijote Morales, 202.

(*) Primer vicepresidente de AIPS América y autor del libro Juegos Panamericanos, desde Buenos Aires 1951 hasta Río de Janeiro 2007

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