Juegos Mundiales de Robots Humanoides: Ya corren más rápido que Bolt y saltan más alto que Sotomayor, pero convertir a robots humanoides en atletas no tiene sentido

Por AIPS América

29 de agosto de 2026

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Los Juegos Mundiales de Robots Humanoides de Pekín han mostrado avances técnicos notables, pero comparar sus marcas con récords humanos resulta engañoso

Por Ross Walker

Sitio WEB El Confidencial

Ross Walker es profesor de Gestión Deportiva en la Universidad de Stirling. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original en inglés aquí.

Que un robot humanoide corra los cien metros en 9,39 segundos parece algo extraordinario. En los Juegos Mundiales de Robots Humanoides celebrados esta semana en Pekín, una máquina habría batido el récord mundial que ostenta Usain Bolt, mientras que otra saltó más alto que la histórica marca de salto de altura de Javier Sotomayor.

A simple vista, estos logros parecen representar una nueva frontera en el deporte. Sin embargo, comparar el rendimiento robótico con el humano resulta fundamentalmente erróneo. Los Juegos Mundiales de Robots Humanoides reunieron a más de 2000 robots que compitieron en pruebas que abarcaron desde el atletismo y el fútbol hasta el boxeo y la halterofilia.

La magnitud de la competición y el avance tecnológico exhibido fueron, en verdad, impresionantes. Según los organizadores, la participación aumentó de manera notable con respecto a ediciones anteriores, al tiempo que el nivel de rendimiento mejoró de forma sustancial en varias disciplinas.

Estas máquinas poseen la forma, el aspecto y los rasgos físicos de un ser humano. No obstante, sus logros son fruto de una biomecánica completamente distinta, lo que hace que las comparaciones directas con los atletas resulten problemáticas

Y el deporte nunca ha consistido únicamente en lograr el tiempo más rápido, el salto más alto o la marca más pesada. Cuando presenciamos una competición deportiva, no somos meros testigos de una hazaña física.

Somos testigos de personas que se enfrentan a la fatiga, la presión, la incertidumbre, la emoción y el riesgo. El propio movimiento olímpico define el deporte tanto por el desarrollo y la experiencia humana como por los resultados.

Superar estos retos resulta tan importante como dominar las destrezas físicas necesarias para competir. Es precisamente esta experiencia humana la que dota de sentido a los logros deportivos y la que crea el vínculo entre los atletas, los espectadores y la comunidad deportiva en su conjunto.

Un robot puede parecerse a una persona, pero no vive el deporte como lo vive un ser humano. No siente nervios en la línea de salida, no supera dudas tras una lesión ni experimenta la alegría de la victoria o la decepción de la derrota.

Por eso, comparar el tiempo de un robot en el sprint con el récord mundial de Bolt resulta, en última instancia, engañoso. El verdadero logro no es la excelencia atlética, sino el progreso tecnológico.

El rápido desarrollo de los robots humanoides está impulsando debates importantes sobre cómo la tecnología transformará el futuro del deporte. La robótica podría ayudar a los entrenadores a analizar el rendimiento, mejorar los métodos de entrenamiento y llevar los límites del logro humano todavía más lejos.

Al mismo tiempo, la relación del deporte con la tecnología nunca ha sido sencilla. La introducción del videoarbitraje (VAR) en el fútbol, por ejemplo, sigue siendo objeto de controversia a pesar de su propósito de mejorar la toma de decisiones.

El debate continúa abierto sobre si la tecnología mejora el deporte o si, por el contrario, perjudica la experiencia de jugadores, árbitros y aficionados. La robótica humanoide plantea interrogantes todavía mayores: ¿quién tendrá acceso a estas tecnologías?

¿Estarán disponibles en todas las disciplinas deportivas o solo para los países, las organizaciones y los equipos más ricos? Como ocurre con muchas innovaciones, existe el riesgo de que la robótica acentúe las desigualdades existentes al otorgar mayores ventajas a quienes ya cuentan con recursos considerables.

Aunque una parte de los medios occidentales se muestra crítica con los Juegos y con los humanoides, conviene recordar que la cultura deportiva occidental no representa a la totalidad del deporte mundial. Distintas sociedades mantienen relaciones diferentes con la tecnología y albergan expectativas distintas sobre lo que el deporte puede llegar a ser.

Esto importa porque, durante mucho tiempo, el deporte se ha valorado precisamente por ser algo relativamente accesible. El fútbol, descrito a menudo como el deporte del pueblo, se convirtió en un fenómeno global porque su práctica era posible en casi cualquier lugar. La dependencia creciente de tecnologías avanzadas corre el riesgo de alejar aún más al deporte de estos cimientos.

Los Juegos de Robots también dejaron patente cuánto camino le queda por recorrer a esta tecnología. Por cada actuación que batía un récord, hubo robots que se caían, colisionaban con las barreras, chocaban contra el equipamiento e incluso, en algunos casos, se desintegraban durante la competición.

Un robot velocista tuvo que ser retirado en brazos después de golpear una barrera de seguridad y arder en llamas. Otro se estrelló contra la mesa de un juez durante una prueba de halterofilia.

Estos momentos pueden resultar divertidos, pero pondrían de relieve una realidad importante: la robótica humanoide sigue siendo una tecnología en desarrollo, no un producto acabado.

Aun así, el rumbo está claro. En China, la robótica se integra ya de manera creciente en la vida cotidiana y en la industria. A medida que las tecnologías humanoides sigan desarrollándose y extendiéndose por el mundo, los debates sobre su lugar en el deporte no harán sino intensificarse.

De momento, los robots no están sustituyendo a los atletas. Pero, en el futuro, los organismos rectores de determinados deportes podrían tener que responder a preguntas difíciles sobre cuál es el lugar de los robots, cómo deben regularse y qué papel deben desempeñar en la competición deportiva.

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