La verdad que duele

Por AIPS América

10 de septiembre de 2011

Decir mañana es apuntar a una realidad que bien puede darse a corto o largo plazo, pero que no conoce de una garantía tan siquiera mínima.

Por eso el hoy es sinónimo de momento oportuno de hablar, nuevamente, del Paraguay y su baloncesto. La selección nacional, en su primera intervención en la historia en el Preolímpico de Argentina, ha quedado última entre 10 participantes.

Y por supuesto, atrás y aplastada quedó la imagen relativamente saludable que dejaron las participaciones en 2010 en el Sudamericano de Colombia y la del Top 4 amistoso, en Salta, Argentina, acto posterior a esa performance en Neiva.

Para llegar a lo alto se trabaja, y mucho. Es una norma de vida. Y en honor a la verdad, este deporte carece de apoyo en diversos ámbitos. Del estatal, ni hablemos puesto que para muestra un botón. En organización, cada tanto, de eventos continentales son los organismos de básquet, local e internacional, los que se mueven, no así las comunas, municipios, como en otros lares sí ocurre con gobernaciones y provincias. Es una tarea casi imposible hacer que los estrados extradeportivos se sientan parte del todo.

Cuando sucede y es un hecho consumado un fugaz paso como el dado en Mar del Plata, indefectiblemente se da vuelta la página para volver a la realidad. Y la paraguaya es triste, por encontrar solamente una palabra que califique de la mejor manera posible y con el mayor respeto existente esta situación.

Anualmente hay dos torneos en Primera División y una eventual definición al cabo de la temporada si no existe un mismo campeón.

A saber, desde 2007 hasta la actualidad hubo 9 certámenes (como Apertura y Clausura en el fútbol, denominados Top 5 o Top 4 y Liga Nacional) siendo Libertad y Sol de América acreedores de 8 de ellos.

Generalmente el rubro básquet es una institución aparte, dentro del propio club. Y cada entidad, dentro de sus posibilidades económicas, hace el esfuerzo. En el caso del Gumarelo y el cuadro solense, verdaderas fortunas, que al final de cuentas no representan garantía alguna de éxito. Se puede tirar la casa por la ventana, apostando en logística, potenciando el material humano, para subir al podio y recibir el trofeo de segundo puesto.

Los campeonatos, incluso los mal llamados Liga Nacional, se juegan con 4 o 5 equipos capitalinos. Y si la afición llega a concurrir en un número respetable, lo hace en los encuentros finales.

Ya se supo que los representativos del interior del país, por falta de rubros, no pueden realizar contrataciones de fuste y las veces que han competido _salvo honrosas excepciones, como América de Pilar_ han sido víctimas de verdaderas palizas a nivel de resultados deportivos. Básicamente, como lo que sucedió con Paraguay encarando el Grupo A, tanto contra Argentina como contra Puerto Rico.

Jamás el básquet se va a exportar si no se empieza por la misma casa. Se organiza un torneo casi paralelo, denominado Estadio Comuneros, y lo suelen integrar representativos que no están para gastar tanto, pero que tienen lo suyo en sus plantillas, con experimentados y juveniles.

Y en vez de una competencia simultánea, a Sol, Libertad, San José y Félix Pérez, deberían sumarse Olimpia, Universidad Autónoma, Cerro Porteño, Universidad Católica, Ciudad Nueva y San Lorenzo.

Como se ve, en un ratito saltan 10 equipos, pudiendo hacerse a placer un fixture con 2 grupos o todos contra todos. Sí… en vez que sobren los dedos de una mano para contar los participantes en un certamen con 3 ruedas o más, tras la que queda eliminado un cuadro, semifinales interminables, y finales, totalizando 3 meses de angustia más que de competencia.

Total, si Sol y Libertad vuelven otra vez a animar finales, por lo menos lo harán tras pelear más, deportivamente hablando.

Aquí se ha entrado en el error de establecer reglamentos para traer jugadores norteamericanos o a nivel Mercosur, como refuerzos, y ni si quiera la presencia de éstos atrae al público en general, que prefiere seguir los partidos por televisión, dejando las gradas vacías.

Si queremos crecer, en todo caso que la continuidad de oportunidades sea para los valores menores, procedentes de las Inferiores, de modo a que se fogueen.  Al menos eso, ya que el deporte en cuestión no es profesional y muchos, para no decir todos, optan por trabajar y ganarse el salario, dejando la práctica del deporte o compartiendo esas actividades. Así, el mote semiprofesional queda corto.

El hecho que Javier Martínez (Regatas Corrientes) y Bruno Zanotti (Lanús) sean los únicos basquetbolistas paraguayos en el exterior es un honor y mérito personal para ambos, y delata a éste hermoso deporte nuestro desde su mismísima organización.

Por Horacio Galiano Flor – hgaliano@teledeportes.com.py

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